Una película de espías más. Esa es la definición adecuada para ‘Duplicity’. Es una de esas películas que mientras la estás visionando vas pensando “esto ya lo he visto” y mientras la intensa sensación de deja-vù embarga la sala las miradas al reloj se intensifican.
La historia es la siguiente: Claire Stenwick trabajó tiempo atrás para la CIA y Ray Novel para el MI6. Ahora, han abandonado el servicio al Gobierno y presenta sus servicios a las rentables multinacionales. En medio de los dos espías se encuentran Howard Tully y Dick Garisk, magnates de dos compañías rivales, que pugnan por la patente de un nuevo producto que puede darles millones. Desafiando a sus jefes, los dos agentes deciden aliarse para ganarles la partida.
El director Tony Gilroy muestra, desde el principio, sus cartas. Por un lado, la historia de amor de dos espías. Y por otro, la rivalidad encarnizada de dos empresarios. Las expectativas que el director de ‘Michael Clayton’ había suscitado se quedan a medio camino en lo que podía haber sido una interesante película de espías para quedarse en un mero intento de lo anterior invadido por un halo romántico al estilo ‘Sr. y Sra. Smith’.
Sin embargo, hay algo que explica la existencia de esta película y que hace entendible que los espectadores acudan a verla, y eso es el regreso de dos de los grandes de Hollywood: Julia Roberts y Clive Owen. Tras su anterior trabajo juntos, la fantástica ‘Closer’, vuelven a demostrar que entre ellos existe esa química que traspasa la pantalla.
Pero, no nos engañemos, si no se es fan empedernido de “la novia de américa”, no hay razón para gastarse 6 euros… mejor esperar a que la emitan en ‘El peliculón’ de Antena 3.
